Book Review: Nacidos Para Correr


El libro, escrito por Christopher McDougall, presenta un extraordinario relato que permite no solo conocer sobre la cultura, tradiciones y creencias tarahumaras. La obra permite también adentrarse y destacar los enormes placeres y beneficios del correr.

Las treinta citas que me parecieron más relevantes e impactantes en esta obra, son las siguientes: 

  1. Los tarahumaras quizá sean las personas más sanas y serenas del planeta, y los más grandes corredores de todos los tiempos… a lo largo de los siglos han ido infiltrándose desde las barrancas historias asombrosas acerca de su resistencia y tranquilidad sobrehumana.
  2. Las barrancas son un “mundo perdido” en el medio de la más remota zona salvaje de Norteamérica, como un Triángulo de las Bermudas tierra adentro, famoso por tragarse a los inadaptados y desesperados que se pierden en su seno.
  3. Un tipo así, un trotamundos que va a todas partes pero no encaja en ningún sitio, debe de vivir dentro de su cabeza y ha de oír raramente su propia voz. Debe de hacer bromas raras y partirse de la risa él solo. 
  4. El viejo proverbio del Tao Te Ching: “El buen caminante no deja huellas”, no era un sutil ‘koan’ (problema que el maestro plantea al novicio en la tradición Zen para comprobar sus progresos), sino un consejo de entrenamiento real y concreto.
  5. Hay algo tan universal en esa sensación, la forma en que correr reúne dos de nuestros impulsos más primarios: el miedo y el placer. Corremos cuando estamos asustados, corremos cuando estamos extasiados, corremos cuando huimos de nuestros problemas y correteamos en busca de diversión.
  6. En la tierra de los tarahumaras no existían el crimen, la guerra ni el robo. No había corrupción, obesidad, drogadicción, avaricia, violencia doméstica, abuso de menores, afecciones cardiacas, problemas de presión arterial o emisiones de carbono. Los tarahumaras no enferman de diabetes, ni se deprimen, ni siquiera envejecen: los hombres de cincuenta años vencen a los adolescentes, y los abuelos de ochenta pueden correr montaña arriba distancias maratonianas. Su tasa de afectados por el cáncer era casi inexistente. El genio de los tarahumaras incluso alcanzaba la economía, ya que habían creado un sistema financiero único, basado en una bebida alcohólica y en actos aleatorios de desprendimiento: en lugar de dinero, intercambiaban favores y cubas de cerveza de maíz… Como cultura, son uno de los mayores misterios sin resolver, dice el doctor Daniel Noveck, antropólogo de la Universidad de Chicago especializado en los tarahumaras.
  7. Su nombre real es ‘rarámuri’, que significa ‘la gente que corre’… los tarahumaras han respondido siempre a los ataques corriendo más lejos y más rápido que cualquiera, refugiándose en zonas aun más profundas de las barrancas… Dado que habían huido hacia tierras inhóspitas hace cuatrocientos años, los tarahumaras se habían pasado la vida perfeccionando el arte de la invisibilidad… Ni el corazón de los Andes ni la cima del Himalaya albergan un escenario más sublime que la salvaje y desconocida fortaleza de la Sierra Madre mexicana… Incluso hoy, cuando Internet ha reducido el mundo a una aldea global y los satélites de Google te permiten espiar el patio de un extraño al otro lado del país, los tarahumaras tradicionales permanecen tan fantasmales como hace cien años… Es imposible ver a los tarahumaras a menos que ellos así lo quieran.
  8. Los tarahumaras prefieren vivir así de aislados, incluido uno de otro, tanto que incluso los miembros de una misma villa prefieren permanecer a la distancia suficiente entre sus casas para no ver el humo de la cocina del otro. Pero tienen una palabra que tambien los define: el ‘kuira-ba’, que significa ‘todos somos uno’.
  9. Respecto al resto del planeta, los tarahumaras son una contradicción andante: rehuyen a los foráneos, pero les fascina el mundo exterior. De alguna manera, tiene sentido: cuando te encanta correr distancias extraordinarias, debe de ser tentador soltar amarras y ver hasta donde, cuán lejos, pueden llevarte tus piernas. Una vez un tarahumara apareció en Siberia; no se sabe como, terminó dentro de un buque de carga y vagabundeó a traves de las estepas rusas hasta que fue recogido y enviado de vuelta a México. En 1983, una mujer tarahumara fue descubierta deambulando por las calles de un pueblo de Kansas, vistiendo su tradicional falda de vuelo. Durante los doce años siguientes estuvo internada en un manicomio, hasta que un asistente social finalmente cayó en cuenta de que lo que salía de su boca era un idioma perdido, no incoherencias.
  10. En la lengua tarahumara existen humanos de dos tipos: están los raramuris, aquellos que huyen de los problemas; y los chabolis, aquellos que los causan. Es una visión dura del mundo, pero con seis cuerpos a la semana cayendo en sus barrancas, es difícil decir que estén equivocados.
  11. La lengua de los tarahumaras carece de escritura… Consideran también que el ‘ariwara’ es el alma de un muerto, que no suponen peligro alguno y únicamente se encuentran atando cabos sueltos. Incluso cuando se trata de la muerte, los tarahumaras son fanáticos de ese carácter esquivo. Una vez muertos, sus almas se mueven a toda prisa recuperando cualquier huella o cabello suelto que haya dejado atrás… Aún muertos, los mayores recuerdan a los pequeños, que siguen siendo ‘la gente que corre’.
  12. Desde su condición de mejor refugio al aire libre del continente, las Barrancas del Cobre no sólo producen sus propios seres extraños, sino que también los atraen. A lo largo de los últimos cien años, las barrancas han hecho las veces de anfitriones para todas y cada una de las variedades de inadaptados norteamericanos: bandoleros, místicos, asesinos, jaguares devora hombres, guerreros comanche, merodeadores apache, exploradores paranoicos, así como los rebeldes liberados por Pancho Villa, todos han escapado de sus perseguidores internandose en las barrancas… Black Jack y Sangre y Agallas fueron capaces de darle una paliza a los alemanes en dos guerras mundiales, pero cayeron derrotados ante las Barrancas del Cobre.
  13. Para ser gente que prefiere no ser vista, los tarahumaras tenían siempre un aspecto fantástico. Los hombres vestían blusas brillantes por encima de un trozo de tela atado a la entrepierna que les colgaba como una falda, por delante y por detrás… Las mujeres lucían aún más espléndidas, con unas faldas de colores brillantes y blusas a juego, resaltando el adorable tono ocre de su piel con collares y pulseras de piedras color coral. Aunque lleves tus mejores galas deportivas, siempre te verás desaliñado entre los tarahumaras. 
  14. Uno está obligado a compartir aquello que le sobra, inmediatamente y sin esperar nada a cambio: una vez que el obsequio deja tu mano es como si nunca te hubiera pertenecido. Los tarahumaras no tienen sistema monetario, así que el korima es la forma que tienen para hacer negocios: su economía está basada en el intercambio de favores y de, ocasionalmente, marmitas de maíz.
  15. Las generaciones futuras no encontrarán más rastro de los tarahumaras que los científicos actuales puedan obtener de boca de la gente y del estudio de sus herramientas y costumbres – predijo Lumholtz -. Sobresalen hoy en día como una interesante reliquia de un tiempo que se marchó hace mucho; como representantes de una de las etapas más interesantes del desarrollo de la raza humana; como una de esas maravillosas tribus que fueron los fundadores y autores de la historia de la humanidad.
  16. Rarajipari es el juego de carreras tarahumara… la version real de esta competición constituye el cuerpo y alma de la cultura tarahumara… Al amanecer, los equipos de las dos aldeas se verían las caras con entre tres y ocho corredores por bando. Los atletas correrían ida y vuelta a lo largo de una larga recta, avanzando con la pelota como jugadores de fútbol en un contragolpe rápido… Decimos que el rarajipari es el juego de la vida – dijo Ángel -. Nunca sabes cuán duro será. Nunca sabes cuándo terminará. No puedes controlarlo. Tan solo puedes adaptarte.
  17. El iskiate es también conocido como chia fresca. Se hace disolviendo semillas en chia en agua y añadiendo un poco de azúcar y un chorro de zumo de lima. En lo que a contenido nutricional respecta, una cucharada de chia es el equivalente a un batido de salmón, espinacas y hormona del crecimiento humana. Aún siendo tan pequeñas, esas semillas están repletas de omega-4, omega-6, proteínas, calcio, huerto, zinc, fibra y antioxidantes. Si uno tuviera que elegir un alimento para llevar a una isla desierta, no habría muchas opciones mejores que la chia, sobre todo si está interesado en desarrollar músculos, reducir el colesterol y disminuir el riesgo de cardiopatías… La chia fue alguna vez tan apreciada, que los aztecas solían enviársela a su rey para rendirle homenaje. Los corredores aztecas solían mascar semillas de chia cuando iban a la guerra, y los hopis se alimentaban de chia durante sus carreras épicas desde Arizona hasta el océano Pacífico.
  18. Y si yo realmente quería entender a los raramuris, debería haber estado ahí cuando este hombre de noventa y cinco años atravesó veinticinco millas por la montaña. ¿Sabes por qué podía hacerlo? Porque nunca nadie le había dicho que no podía. Nunca nadie le había dicho que debía estar muriéndose en algún asilo de ancianos. Uno vive según sus propias expectativas, amigo.
  19. Hazte amigo del dolor y nunca te encontrarás solo” – Ken Chlouber; Minero de Colorado y creador de Leadville Trail 100… Lo que hace falta para cruzar la línea de meta en Leadville: no tienes que ser rápido. Pero sera mejor que seas intrépido… Esta vez, estaban unidos en una formación que habían practicado desde niños, con los salvajes veteranos delante y los ansiosos jóvenes empujando detrás. Iban a paso seguro y seguros de sí mismos. Eran la Gente que Corre… Los tarahumaras no solo habían empezado últimos y habían terminado primeros, sino que habían hecho un daño tremendo al libro de records con su actuación.
  20. Si te relajas lo suficiente, tu cuerpo consigue acostumbrarse a ese movimiento parecido al de una cuna que se mece, que casi olvidas que te estás moviendo. Y una vez que empiezas a flotar de esa manera delicada, medio levitando, es cuando aparecen la luna y el champagne: tienes que estar en sintonía con tu cuerpo, y saber cuando puedes apretar y cuando debes parar.
  21. A quien ame al mundo como a su propio cuerpo, se le puede confiar el mundo” – Lao Tzu; Tao Te Ching… La ultramaraton parecía ser un universo paralelo donde no se aplica ninguna de las reglas que rigen el planeta Tierra: las mujeres eran más fuertes que los hombres; los más viejos eran más fuertes que los jóvenes; tipos salidos de la Edad de Piedra con sandalias eran más fuertes que cualquiera. Y eso por no hablar del millaje. La tension cortante sobre sus piernas era extraordinaria. Se supone que correr cien millas a la semana es un pasaje directo a una lesion por sobrecarga, y aún así estos ultradementes hacían cien millas diarias.
  22. ¿Quién está más comprometido con la victoria al final: el depredador o la presa? El león puede perder y volver a cazar al día siguiente, pero el antílope solo puede equivocarse una vez… Colocarse al frente implica realizar una maniobra que requiere ferocidad y confianza… pero el miedo debe jugar una parte. No es posible relajarse y cualquier miramiento debe lanzarse por la ventana.
  23. El regocijo y la determinación son habitualmente emociones antagónicas, pese a lo cual los tarahumaras se hallaban hasta los límites de ambas al mismo tiempo, como si correr hasta morir los hiciera sentirse más vivos… Ese era el verdadero secreto de los tarahumaras: no habían olvidado nunca cuánto amaban correr. Recordaban que correr era la primera forma de arte de la humanidad.
  24. Todos nacimos para correr; todos nacimos porque podemos correr. Todos somos La Gente Que Corre, como siempre han sabido los tarahumaras… “Propongámonos vivir de tal manera que cuando nos toque morir hasta el enterrador lo lamente”, solía decir Mark Twain. Zatopek dio con una forma de correr que hacía que cuando ganaba, incluso los otros equipos estuvieran encantados.
  25. No luches con el camino – lanzó Caballo por encima de su hombro -. “Coge lo que te ofrece. Si puedes elegir entre dar uno o dos pasos entre las rocas, da tres… El arma más avanzada del arsenal del ultramaratonista: en lugar de dejarse dominar por la fatiga, uno la asimila. No la deja escapar. Llega a conocerla tan bien, que no la teme más.
  26. Cuando estoy metida con una carrera larga, lo único que importa en esta vida es terminar la carrera. Por una vez, mi cabeza no está diciendo bla bla bla bla todo el tiempo. Todo se calma y fluye. Soy solo yo y el desplazamiento y el movimiento. Por eso lo adoro… ser una bárbara corriendo por el bosque.
  27. Descubrió que Leonardo Da Vinci consideraba el pie humano, con su fantástico sistema de suspensión de peso compuesto por la cuarta parte de los pesos del cuerpo, “una obra maestra de ingeniería y una pieza de arte”… Daniel Lieberman, profesor de antropología biológica en la Universidad de Harvard: “Hasta 1972, cuando la zapatilla moderna fue inventada por Nike, la gente corría con un calzado con la suela muy fina, tenía pies más resistentes y una incidencia de lesiones de rodilla mucho menor“… Creo que con las zapatillas intentamos corregir demasiadas cosas y sobrecompensamos. Arreglamos cosas que no necesitan arreglarse. Si fortaleces el pie andando descalzo, pienso que se reduce el riesgo de tener problemas con el tendón de Aquiles y la rodilla, así como de contraer fascitis plantar.
  28. … Empezamos a caminar, siguiendo el credo del ultramaratonista: “Si no puedes ver la cima, camina.” Cuando estás corriendo cincuenta millas, no reporta dividendos matarse en las subidas para luego llegar ahogado a los descensos; solo se pierden unos pocos segundos si caminas, y luego puedes recuperarlos acelerando en la bajada… Uno no se hace viejo porque deja de correr – dice el demonio -, uno se hace viejo porque deja de correr.
  29. Sabía que el ejercicio aeróbico era un antidepresivo poderoso, pero no me había dado cuenta de que podía tener un efecto tan profundo a la hora de estabilizar el estado de ánimo y contribuir a la – odio usar esta palabra – meditación. Si uno no encuentra las respuestas a sus problemas después de correr durante cuatro horas, es que no va a encontrarlas… Así que llevó a cabo un truco que le había enseñado en doctor Bramble: cuando no puedes dar respuesta a una pregunta, dale la vuelta. Olvidemos qué es lo que da velocidad, pensemos en qué te quita velocidad.
  30. Cuando me haga demasiado viejo para trabajar, haré lo que Jerónimo hubiera hecho si lo hubieran dejado en paz – dijo Caballo-. Me internaré en las barrancas y encontraré un lugar tranquilo donde descansar… Así que quizá vuelva a verlos a todos – terminó Caballo, mientras Tita apagaba las luces para enviarnos a todos a la cama-. O quizás no.
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