Book Review: Memorial de Isla Negra – Pablo Neruda

This is a great book written by Pablo Neruda and which I read years ago while being in high school. I also had a chance to visit Pablo Neruda’s house in Isla Negra while leading a consulting project for the Ministry of Tourism of Chile back in 2011, which motivated me to read it again back then and go through it during the isolation period created by the pandemic in 2020.

My favorite poems out of this book are outlined below. They are presented in Spanish, as in the original version of the book. I also included some photos I took during such visit to his house in Isla Negra, as well as other cities and places in Chile.

NACIMIENTO

Nació un hombre
entre muchos
que nacieron,
vivió entre mucho hombres
que vivieron,
y esto no tiene historia
sino tierra,
tierra central de Chile, donde
las viñas encresparon sus cabelleras verdes,
la uva se alimenta de la luz,
el vino nace de los pies del pueblo.


Parral se llama el sitio
del que nació
en invierno.


Ya no existen
la casa ni la calle:
soltó la cordillera
sus caballos,
se acumuló
el profundo
poderío,
brincaron las montanas
y cayó el pueblo
envuelto
en terremoto

LA POESÍA

Y fue a esa edad… Llegó la poesia
a buscarme. No sé, no sé de donde
salió, de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.


Yo no sabía qué decir, mi boca
no sabía
nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando
aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura…

EL NIÑO PERDIDO

Lenta infancia de donde
como de un pasto largo
crece el duro pistilo,
la madera del hombre.
Quién fui? Qué fui? Qué fuimos?

No hay respuesta. Pasamos.
No fuimos. Eramos. Otros pies,
otras manos, otros ojos.
Todo se fue mudando hoja por hoja
en el árbol. Y en ti? Cambió tu piel,
tu pelo, tu memoria. Aquel no fuiste.
Aquel fue un niño que pasó corriendo
detrás de un rio, de una bicicleta,
y con el movimiento
se fue tu vida con aquel minuto.
La falsa identidad siguió tus pasos.
Día a día las horas se amarraron.
pero tú ya no fuiste, vino el otro,
el otro tú, y el otro hasta que fuiste,
hasta que te sacaste
del propio pasajero,
del tren, de los vagones de la vida,
de la substitución, del caminante.

La máscara del niño fue cambiando,
adelgazó su condición doliente,
aquietó su cambiante poderío:
el esqueleto se mantuvo firme,
la construcción del hueso se mantuvo,
la sonrisa,
el paso, un gesto volador, el eco de aquel niño desnudo
que salió de un relámpago,
pero fue el crecimiento como un traje!
era otro el hombre y lo llevó prestado.
Así pasó conmigo…

ADIOSES

Oh adioses a una tierra y otra tierra,
a cada boca y a cada tristeza,
a la luna insolente, a las semanas
que enrollaron los días y desaparecieron,
adiós a esta y aquella voz tenida
de amaranto, y adiós
a la cama y al plato de costumbre,
al sitio vesperal de los adioses,
a la silla casada con el mismo crepúsculo,
al camino que hicieron mis zapatos.

Me difundí, no hay duda,
me cambié de existencias,
cambié de piel, de lámpara, de odios,
tuve que hacerlo
no por ley ni capricho,
sino que por cadena:
me encadenó cada nuevo camino,
le tomé gusto a tierra a toda tierra.

PRIMEROS VIAJES

Cuando salí a los mares fui infinito.
Era mas joven yo que el mundo entero.
V en la costa salía a recibirme
el extenso sabor del universo
.

Yo no sabía que existía el mundo.

Yo creía en la torre sumergida.

Había descubierto tanto en nada,
en la perforación de mi tiniebla,
en los ay del amor, en las raíces,
que fui el deshabitado que salía:
un pobre propietario de esqueleto
.

Y comprendi que iba desnudo,
que debía vestirme,
nunca habia mirado los zapatos,
no hablaba los idiomas,
no sabía leer sino leerme,
no sabía vivir sino esconderme,
y comprendí que no podía
llamarme más porque no acudiria:
aquella cita había terminado:
nunca más, nunca más, decía el cuervo
.

Tenía que contar con tanta nube,
con todos los sombreros de este mundo,
con tantos ríos, antesalas, puertas,
y tantos apellidos, que aprendiéndolos
me iba a pasar toda la perra vida…

LA NOCHE EN ISLA NEGRA

Antigua noche y sal desordenada
golpean las paredes de mi casa:
sola es la sombra, el cielo
es ahora un latido del océano,
y cielo y sombra estallan
con fragor de combate desmedido:
toda la noche luchan,
nadie conoce el peso
de la cruel claridad que se irá abriendo
como una torpe fruta:
así nace en la costa,
de la furiosa sombra, el alba dura,
mordida por la sal en movimiento,
barrida por el peso de la noche,
ensangrentada en su crater marino.

CORDILLERAS DE CHILE

Debo decir que el aire
establece una red. Y nubes, nieve,
en lo más alto andino,
se detuvieron como peces puros,
inmóviles, invictos.
Estoy rodeado
por la fortaleza
del páramo más áspero:
en sus mil torres silba
el viento venidero,
y desde cordilleras desdentadas
cae el agua metálica
en un hilo veloz
como si huyera
del cielo abandonado.
Toda palabra muere y todo muere
y es de silencio y frío la materia
del muerto y del sarcófago:
a plena luz, brillando, corre el río,
lejos de la dureza
y de morir se aleja despeñando
la nieve que el dolor endurecía
y que bajó muriendo
desde la cruel altura
en que dormía

EL DESCONOCIDO

Quiero medir lo mucho que no sé
y es así como llego
sin rumbo, toco y abren, entro y miro
los retratos de ayer en las paredes,
el comedor de la mujer y el hombre,
los sillones, las camas, los saleros,
solo entonces comprendo
que allí no me conocen.
Salgo y no sé qué calles voy pisando,
ni cuántos hombres devoró esta calle,
cuántas pobres mujeres incitantes,
trabajadores de diversa raza
de emoluments insatisfactorios.

EL MAR

Necesito del mar porque me ensena:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o solo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.

No son solo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseño lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
sustituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonado olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.

TAL VEZ NO SE, NO SUPE, NO SABIA

No tuve tiempo en mis preocupaciones
de ver, de oír, de acechar y palpar
lo que estaba pasando, y por amor
pensé que mi deber era cantar,
cantar creciendo y olvidando siempre,
agonizando como resistiendo:
era mi amor, mi oficio
en la mañana entre los carpinteros,
bebiendo con los húsares, de noche,
desatar la escritura de mi canto
y yo creí cumplir,
ardiente o separado
del fuego,
cerca del manantial o en la ceniza,
creí que dando cuanto yo tenía,
hiriéndome para no dormir,
a todo sueño, a toda hora, a toda vida,
con mi sangre y con mis meditaciones,
y con lo que aprendí de cada cosa,
del clavel, de su generosidad,
de la madera y su paz olorosa,
del propio amor, del río, de la muerte,


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