
Este libro fue escrito por Gaby Perez Islas, quien es Licenciada en Literatura Latinoamericana con estudios a nivel maestría en Tanatología. Tiene diplomados en Logoterapia, Codependencia y Suicidología. Tomé la decisión de leer este libro ya que mi madre, después de la muerte de mi padre, empezó a leer algunas de sus obras como parte de su proceso de duelo y adaptación a esa nueva vida sin él. Leerlo por ella me daría la oportunidad de tener temas adicionales de conversación, juntos, sobre la muerte de mi padre.
Los veinticinco aprendizajes más importantes que obtuve de este libro, son los siguientes:
- En este libro se junta una de las más grandes pasiones de muchas personas – viajar – con una de las más grandes preocupaciones que todos tenemos, la pérdida. Juntar lo que da paz y lo que la quita, para compartir ideas y reflexiones, es un concepto interesante.
- Viajar y leer son en realidad dos sinónimos coquetos de vivir… Seguimos siendo más los que confiamos en lo que nos cuenta un amigo que lo que nos sugiere un algoritmo. ¿Qué es la amistad sino compartir lo que vivimos?
- Aprender es, en realidad, una actitud y una disposición mental continua, seguida, ininterrumpida desde que somos niños hasta que nos volvemos abuelos. Aprender es un compromiso con la vida. Es no sentirse satisfecho con las explicaciones sencillas o con las soluciones fáciles. Es querer escuchar a los demás y reconocer que todos tenemos algo que aprender de los demás. Es, sobre todo, mantenernos despiertos, vivos en el sentido más amplio de la palabra… cada instante es un regalo irrepetible. Debemos ser conscientes de que el tiempo es limitado y los recursos también, y que por eso conviene usarlos de la mejor manera, exprimirlos al máximo, hacerlos que rindan como nunca.
- La velocidad con la que vivimos es a veces vertiginosa; no nos detenemos para nada, tampoco para pensar. De pronto, alguna circunstancia te deja por horas atado a una silla en espera, y puedes convertir ese momento en tiempo fértil si lo utilizas para estar contigo mismo.
- Hacer una maleta tiene magia. Empacar para la diversión, para lo inesperado y, desde luego, reservar espacio con el fin de traer a casa alguna que otra cosa como recuerdito del lugar donde has estado… Todo viaje comienza empacando, incluyendo la muerte… La vida se trata de perder: perdemos habilidades, perdemos facultades, perdemos a nuestros seres queridos, perdemos la vista, perdemos el color del pelo, perdemos las ganas, perdemos el andar, perdemos amores, perdemos amigos, perdemos dinero y juventud… “La vida no es más que un viaje hacia la muerte” – Seneca.
- ¿Qué llevas en la maleta? ¿Cuántas veces te ha pasado que llevas cosas que pensabas usar pero literalmente fueron de paseo? Ni las sacaste de la maleta ni te hicieron falta… Decía Julio Cortázar que “cuando te regalan un reloj te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo a perderlo, a que te lo roben, a que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que una es mejor que otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.”
- Los verdaderos indispensables para comenzar el viaje son: actitud, disposición y mente abierta… Puede ser que las cosas que hacen tan maravilloso un viaje sean tres: la convivencia con los tuyos; lo que aprendes de ti; y la certeza de que se va a acabar. Por eso hay que disfrutarlo todo.
- No todos los viajes acumulan millas, unos son trayectos dolorosos que no planeabas y que sin embargo llegan como esa cita no agendada con el destino: las enfermedades y a las pérdidas, los desengaños, el desempleo, las injusticias y las traiciones. Todas ellas, tránsitos difíciles para el alma, debilitan el cuerpo pero fortalecen el espíritu… La sensación de vacío se siente, pero creces con la experiencia y te reconoces a ti mismo resiliente, más fuerte y sabio… La vida debe vivirse como una vacación, sabiendo que se va a acabar, pero deseando disfrutar y exprimirle cada instante; con clara consciencia de su gran costo para no caer en desperdicio. Debes estar consciente de que la vida es única e irrepetible.
- “Algo más que no puede faltar en la maleta es un suetercito, por si se ofrece. Lo digo así en diminutivo porque su uso es algo muy mexicano, igual que tu mamá obligándote a cargar uno aunque vayas a la playa (no es control, no, es porque «se te puede ofrecer»). Casi siempre ese tejido va y viene sin haberse usado, pero ahí está, apuntalándote y haciéndote sentir capaz de hacerle frente a cualquier cambio en el clima. Estoy casi segura de que esa prenda de vestir se inventó para que la usaras cuando tu mamá sintiera frío. Pero sea como fuere, ese suéter te empodera, te da la tranquilidad de llevar lo necesario para el viaje. ¿Y a la vida, estás igual de listo para darle respuesta? ¿Quién es tu suéter en la vida? Tu marido, tus hijos, tus padres, yo que sé, el caso es que todos ellos pueden irse un día con o sin tu autorización o consentimiento. Se van porque cumplen su destino, porque así lo desean o porque el mundo confabuló para que se dieran así las cosas y entonces, ¿qué pasará contigo? ¿Te quedarás desprotegido, desolado y abandonado? Pasando fríos literalmente, porque no tuviste la precaución de empacar bien tus cosas y, créeme, no hay persona que te quepa en una maleta” – cada quién decide si sale de la desgracia aplastado o perfeccionado… La vida es un reto, no una tragedia.
- Los tiempos de espera en los aeropuertos son espacio para la reflexión y la introspección… en ocasiones consigues un asiento lo suficientemente alejado de la gente y vences la tentación de conectarte al wi-fi… puedes en realidad pensar un momento… La muerte en sí te lleva a vivir intensamente…
- En un proceso de duelo hay que tener la voluntad de salir, de concluirlo. Si no quieres que pase, simplemente no pasará. Los malos tiempos concluyen y nuestros sueños nunca se olvidan de nosotros, somos nosotros los que los abandonamos… Como en los momentos duros de la vida: simplemente notas que no tienes el control de la situación, que la tristeza te llega por oleadas y te arrastra sin poder dejar de llorar. Esto es un golpe fuerte a tu ego controlador.
- El dolor de perder lo que amas es la tarifa a pagar por el viaje de la vida pero nos puede confundir de tal manera que nos sintamos inseguros… la nostalgia es tener un pie en el ayer, es recordar cuando eras niño, o pensar que las navidades pasadas fueron tiempos hermosos y recordarlos con cierta añoranza. La melancolía es tener los dos pies en el pasado y desde ahí vivir, estar convencido de que todo tiempo pasado fue mejor. Durante un duelo, ambas aparecen por momentos, pero la nostalgia puede llevarnos a bellos recuerdos y a platicar con una sonrisa o franca carcajada al recordar dichos o frases que solía tener nuestro familiar amado. Pero la melancolía hay que evitarla, pues se va colando como la humedad en las paredes y en poco tiempo se apodera del hoy trayéndote un ayer ideal que no es posible recuperar… El pasado hay que soltarlo para que el futuro no te sorprenda con las manos ocupadas. Lo que fuiste en el ayer es una piel en la que tú ya no habitas.
- Como cada minuto es muy valioso trata de vivirlo plenamente con la conciencia de que todo puede cambiar en un momento dado, por eso debe vivirse cada circunstancia, incluso las que consideramos «malas», con todos los sentidos y a profundidad… La mente es obediente, hagamos que nos obedezca a nosotros y no a nadie más. Pensar en nuestro ser querido jamás nos quitará el sueño, es pensar en su muerte lo que nos hace mucho daño. Elige el camino del amor, que este gane en la balanza.
- La vida es digna de ser recorrida y vivida con alegría. Hay tiempos para todo: para llorar, para meditar y para reír. Lo malo es que unos opaquen a otros y empieces a pensar que deberías de estar de una u otra forma, en lugar de simplemente estar del humor que desees. Haber amado mucho a alguien que hoy no está contigo no significa quedarte demasiado tiempo triste por su ausencia… Por eso cuando tus padres mueren, trascienden. Es el momento de probarle a una madre o a un padre que no se equivocaron en amarte tanto, que eres digno de ese amor y que lo hicieron bien porque su apoyo no te inhabilitó para vivir sino que te habilitó para la vida.
- Una de las noblezas de esta aventura llamada vida es que en cualquier momento puedes retomar el rumbo correcto sin importar cuánto tiempo haya pasado o cuantos meses le hayas invertido a una depresión. Decídete a volver a vivir, el tren está esperando, súbete ya y deja de contemplar la vida pasar… Las redes sociales son ventanas a las vidas de los demás, pero únicamente al lado de esa vida que quieren compartir, no es así todo el tiempo. No pienses que todos la están pasando de maravilla porque suben fotografías con grandes sonrisas a la red; en privado, te lo aseguro, todos lloran como tú alguna vez… “Lo bueno es que tú eres experta en esto» me dijo una «amiga» cuando murió mi padre. «Soy especialista en duelo», le contesté, «pero no en que se muera mi papá. Esta es la primera vez que me pasa, sólo tenía uno.» A veces las personas merecen ese tipo de respuestas.”
- La vida no es perfecta, tiene sus problemas y dolores, pero por esos minutos de contemplación de la naturaleza simplemente me reconcilio con ella. Es más lo bueno, más la gente agradecida y sencilla, más los regalos y celebración de vida que las lágrimas o el precio que haya que pagar por ellos. La generosidad del universo abruma y compromete… El dolor y las lágrimas que derramamos cuando perdemos a un ser querido o una relación son justamente el precio emocional que hay que pagar por haberlo tenido en nuestra vida.
- La tanatología te explica cómo el mundo, ante una gran pérdida, dejó de ser un lugar seguro y explicable para ti; tal vez hasta ahora te sentías respaldado por creencias, como que había una ley de vida en la que los padres morirían antes que los hijos y que si eras lo suficientemente bueno y trabajador te iba a ir bien. El dolor y las experiencias dolorosas nos tiran estos falsos soportes y entonces tenemos que descubrir el mundo, uno nuevo sin esa estructura y sin el ser amado… Aprender a tener una nueva relación con tu ser querido, donde no lo veas ni lo puedas tocar pero lo sientas y sus palabras todavía resuenen en tu cabeza, es muy importante… Querer cuesta, y el precio a pagar por él significa extrañar tanto.
- Todo es temporal, no olvidemos eso. Y pensemos antes de cambiar de página si merece la pena pasar los días recordando que vamos a morir o si vale más sentir la vida, con todos sus recuerdos… El amor que hemos dado y que hemos recibido nunca podrá perderse, lo traemos tatuado en la piel.
- Cuando alguien detuvo su andar se detiene el tuyo, sólo por el tiempo que empleas en salir de la conmoción, llorar y tomar valos, pero después empiezas a escuchar el llamado de la vida… la muerte acaba con la vida de alguien pero no con lo que sientes por esa persona ni lo que ella siente por ti… Las fuerzas vienen a ti porque muchas veces no son los pies los que corren o tus piernas quienes te llevan a seguir trabajando, recoger hijos del colegio, atender casa y salir adelante; es tu voluntad.
- Las oportunidades no vuelven, tómalas cuando las tengas, tanto para un negocio, para conocer a alguien o para hacer un viaje. No esperes ante dudas sobre si las condiciones son ideales para ello, tú hazlas óptimas… Dile a las personas que las amas, concede tus perdones y da las gracias cada vez que puedas, el arrepentimiento por no hacerlo a tiempo te carcome la alegría.
- “La muerte es una graduación para quien en este plano ha cursado ya todas las materias.” La ocasión especial siempre es hoy. Vive y usa tu vida completamente, no la dejes extinguir ni empolvar sin haberle dado todo el uso posible, sin haber sido feliz y luchado porque fuera contagioso. Enciende tus velas, usa tus perfumes; se acerca el final del viaje… Entre tus posesiones más valiosas están los te quieros, perdónames y te perdonos, úsalos.
- Es desde el ejercicio de gobierno de tus propios pensamientos que puedes seleccionar con qué imágenes te quedas y cuáles sueltas porque, lejos de aportarte algo, te impiden avanzar en tu proceso de duelo… Cuando alguien que amas muere tienes que aprender a tener con él una relación sin verlo o escucharlo, sin poder tocarlo, tan sólo sentir que está ahí contigo.
- La sociedad como ente no favorece el duelo sano, fomenta la victimización; critica y juzga sin saber. Las personas te observan paso a paso cuando has sufrido un duelo porque quieren comparar cómo estarían ellos si les hubiera ocurrido esa misma pérdida en su familia, por eso no debes esperar a que te cobijen y te soporten para salir adelante de un dolor… Nadie es perfecto, no intentes serlo sólo porque parece ser la obsesión de este siglo y eso solamente te llena de frustración y enojo; perfecto no, pero feliz sí… no se trata de batir récord de tiempo sino de llegar feliz.
- Sobre la muerte hay poco que hacer pero sobre la vida, todo… Te da una especie de nostalgia por lo que aún no pierdes, y lloras tan sólo de imaginar que la vida seguirá sin ti. Sabes que tu ausencia dolerá porque cada uno es importante y porque tú cuentas. Pero sobretodo, no quisieras tener que perderte las graduaciones, las bodas, los nacimientos de esta que llamas con tanto orgullo tu familia. Pero por otro lado, la sola idea de reencontrarte con tus padres, tus hermanos o familiares que han partido antes que tú te conforta el alma. Tienes tus dudas, nadie lo sabe de cierto pero lo supones, lo has escuchado, conoces historias al respecto.
- “Si al cerrar este libro te das cuenta de que aún hay respiración en ti, de que los latidos no han cesado, ya sabes lo que tienes que hacer. ¡A vivir!, que como decía William Shakespeare, justo eso hay que hacer antes de morir.”
Leave a comment