Book Review: La Pregunta de sus Ojos


La pregunta de sus ojos es una novela escrita en 2005 por el autor argentino Eduardo Sacheri. La película del año 2009, que lleva el mismo nombre, se basó en esta obra.

Las veintiún citas que llamaron mi atención dentro de esta obra son las siguientes:

  1. Debería haber aprendido eso. No lo de estar jubilado, sino eso de que las cosas que tememos suelen ser peores cuando ocurren que cuando las imaginamos.
  2. Después, cuando ya su amor se había licuado en el tedio de nuestro matrimonio, hablaba de eso de jugar al escritor desde la torre de la ironía y desprecio mordaz que había elegido para atrincherarse y lanzarme sus balas. No puedo quejarme, porque yo también debo haberle propinado vilezas semejantes. Una lástima. Que todo lo que quede de diez años de matrimonio sea sobre todo el inventario vergonzoso del daño que nos hicimos.
  3. Tal vez no importe tanto si fracaso. Ya llevo unas cuantas tardes dedicadas a esto. Y, en el peor de los casos, si destruyo un número suficiente de borradores, indefectiblemente voy a terminar mejorando mi tiroteo de larga distancia.
  4. Porque sentía que tener a Liliana era una felicidad abusiva, que nada tenía que ver con lo que había sido el resto de su vida. Y que, como el cosmos tiende al equilibrio, el tendría tarde o temprano que perderla para que las cosas volviesen a su orden debido. Cada uno de sus recuerdos estaba teñido de esa sensación de naufragio inminente, de catástrofe a la vuelta de la esquina.
  5. Liliana decía que un hombre que es capaz, por el amor de una mujer, de cambiar su forma de ser, es un hombre que merece ser correspondido. Ricardo Morales tampoco olvidó esa conversación, y decidió seguir siendo así para siempre y para ella. Nunca se había sentido digno de nada, y mucho menos de semejante mujer. Pero supo que iba a aprovechar mientras pudiera. Hasta que el hechizo se rompiera y todo volviese a ser ratones y calabazas.
  6. “Y otra cosa, pibe – agregaba mirándome con la tristeza de quien sabe que dice la verdad, pero que sabe también que esa verdad es inútil -, la isla depende del juez que te toque. Si te toca un tipo piola, estás salvado. Si te toca un hijo de puta, el asunto se complica. Pero lo peor son los bolados, Chaparro. Ojo con los bolados, muchacho. Si te toca un bolado, estás frito”.
  7. Entonces desconocía todas las dificultades que había sembrado ese día en mi propio destino, y que tarde o temprano tendría que cosechar. Supongo que nadie es capaz de leer, en la borra del presente, las señales de futuras tragedias.
  8. – Es la palabra más puta que conozco – Morales volvió a arrancar, pero no me sonó a que eso fuese una conversación, sino un monólogo íntimo al que le ponía voz por pura distracción -. “Te quiero, pero…”; “podria ser, pero…”; “no es grave, pero…”; “lo intente, pero…”. Se da cuenta? Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es.
  9. – Odio cuando pasa esto – dijo de repente Morales, como si yo debiese estar al tanto de lo que significaba “esto” -. Nunca pude soportar ver salir el sol después de una tormenta. Mi idea de un día de lluvia es que debe llover hasta la noche. Que el sol salga a la mañana siguiente, vaya y pase, pero ¿así?… Que el sol interrumpa donde nadie lo llama… En los días de lluvia el sol es un intruso imperdonable. – Morales se detuvo un segundo y dejo entrever una sonrisa ausente -. No se preocupe. Estar pensando que la tragedia me ha fundido los sesos. No es para tanto.
  10. Fue en ese momento cuando tomé conciencia, creo, de que Morales me recordaba mucho, o demasiado, a mi mismo, o al “mi mismo” que habría sido si, exhausto, me hubiese cansado de aparentar la seguridad y la fortaleza que me calzaba todas las mañanas, al instante siguiente de despertar, como si fuese un traje o, peor aún, un disfraz. Supongo que por eso decidí ayudarlo en todo lo que me fuera posible.
  11. ¿Por qué, entonces, se pone tan nervioso, y retrocede justo antes de decidirse a llamarla? Precisamente porque todo es un pretexto. En el fondo es así de simple. Todo es, al cabo, una coartada para estar cerca de ella. Y Chaparro se siente morir ante la mínima posibilidad de quedar expuesto delante de la mujer que ama… No puede presentarse y decirle con naturalidad: “Mira, Irene, quería que supieras que te amo con locura desde hace unas tres décadas, con ciertos períodos menos virulentos durante los muchos años en que no trabajamos juntos”.
  12. Arrancar de cuajo una planta que, de todos modos, no tenía brotes ni futuro.
  13. Lo que tiene que decirle, lo que necesita decirle, y lo que al mismo tiempo le horroriza que sepa, es que él la quiere con el, para siempre, en todos lados y a todas horas o a casi todas, porque ha naufragado en tal estado de adoración que no entiende la vida sin ella.
  14. No pude responder sino con algunas evasivas. Marcela respetó esa distancia. No sé si por sumisa, por aria o por acostumbrada… Aún hoy me asalta, de tanto en tanto, la certeza angustiante de que perdí la oportunidad de tener un hijo. Estuve a punto de escribir “de trascenderme en un hijo” o “de perpetuarme”. ¿Es eso tener un hijo? Nunca voy a saberlo. Es otra de las preguntas que me llevaré, intactas, a la tumba.
  15. Irene, extrañamente directa, le ha dicho que le encanta que la visite, y que no quiere que lo haga sólo si tiene un motivo concreto. Se lo ha dicho por teléfono. Chaparro lamenta no haber visto su rostro mientras ella pronunciaba esas palabras. Pero al mismo tiempo sospecha que no habría tolerado exhibir el incendio de sus propias vísceras al escucharla decirlo. ¿Qué cara debe poner uno para oír una frase semejante?
  16. Viendo a Morales frente a mí, esa tarde de Junio de 1973, entendí que la brevedad o la prolongación de la vida de un ser humano depende sobre todo del caudal de dolor que esa persona se ve obligada a soportar. El tiempo pasa más lento para los que padecen, y la angustia y el sufrimiento marcan la piel con signos definitivos.
  17. – Todo lo que pueda salir mal va a salir mal. Y su corolario. Todo lo que parezca marchar bien, tarde o temprano se irá al carajo.
  18. Vas a decirme que te pasa, Benjamín? – Chaparro se siente morir, porque acaba de advertir que esa mujer le pregunta una cosa con los labios y otra con los ojos: con los labios le está preguntando por qué se ha puesto colorado, por qué se revuelve nervioso en el asiento o por qué mira cada doce segundos el alto reloj de péndulo que decora la pared próxima a la biblioteca; pero, además de todo eso, con los ojos le pregunta otra cosa: le está preguntando ni más ni menos qué le pasa, qué le pasa a él, a él con ella, a él con ellos dos; y la respuesta parece interesarle, parece ansiosa por saber, tal vez angustiada y probablemente indecisa sobre si lo que le pasa es lo que ella supone que le pasa.
  19. A veces los varones nos sentimos más seguros detrás de cierta frialdad para tratar a quienes queremos.
  20. Cuando concluí, considerando que había dicho todo, se inició su interrogatorio. Hice lo que pude, sin salir de mi asombro al comprobar la miríada de cosas que una mujer puede desear saber de otra. Eran como las tres cuando conseguí convencerla de que se fuera a casa a dormir un poco. No iba a venir nadie a semejante hora. Y creo que a ella le gusto la idea de que me quedase yo un rato a solas con lo que nos había quedado de su marido. Y a mi, confusamente, creo que también me sonó adecuado.
  21. Chaparro se pregunta si las vidas de los seres humanos, una vez extinguidas, no se prolongan
Categorías:Uncategorized

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